Emigrar es un derecho

Emigrar es un derecho

Ilustración por Abril González.

El mundo está convulsionado, lamentablemente se está volviendo común encontrarnos con noticias de países que están pasando por alguna crisis y que por ende, las personas no tienen otra alternativa que dejar su lugar para emprender un rumbo incierto.
Nos espantamos frente a esta problemática, y creemos que por poner un “like” en una publicación ya apoyamos la causa. Pero ¿cómo nos estamos comportando realmente? ¿Estamos siendo empáticos frente a esta crisis migratoria?

Abro mi Instagram y veo imágenes del norte de mi país en Iquique, que están quemando las pertenencias de los migrantes venezolanos que se encuentran acampando en dicha ciudad. Quedé petrificada. No podía creer que esto sucediera en Chile. Intento entender ambas partes, pero sin duda no justifico los daños causados a estas personas que solamente están buscando una nueva oportunidad en otro país, con el fin de mejorar su calidad de vida.

La crisis migratoria que estamos viendo en el mundo se está convirtiendo en un problema tan grande y complejo, que incluso los países más “preparados” no están sabiendo cómo afrontar esta situación. Chile ha transitado estos últimos dos años por una gran crisis política, económica y social ocasionada tras el llamado “estallido social”. Este hecho histórico, ocurrido el 18 de octubre del 2019, hizo que miles de personas salieran a las calles para exigir vivir con dignidad, derecho que tenemos todas y todos, incluso los migrantes.

Empatizo profundamente con este proceso, a pesar de que estoy muy lejos y con mejores condiciones de vida. Entiendo la rabia y frustración que pueden sentir mis compatriotas, puedo entender el temor que existe al ver que cada vez llegan más personas extranjeras y que las condiciones laborales y sociales no han cambiado ni para los mismos chilenos y chilenas, y que con la inmigración las injusticias se puedan acrecentar aún más

Pero nadie por su propia voluntad querría lanzarse a la aventura incierta de irse, a veces caminando, a vivir a otro país simplemente con lo que llevas puesto e indocumentado. Si lo hicieron, es porque simplemente no tenían otra alternativa.  Nosotras como mujeres expatriadas sabemos muy bien lo que significa enfrentarse a la emigración, incluso podría decir que, aunque nuestras vivencias sean complejas, las experiencias de muchas de nosotras jamás se podrían igualar a la situación que estos migrantes están atravesando.

Sin duda esta crisis se debe solucionar con nuevas políticas migratorias que organicen y regularicen el ingreso al país y que por supuesto siempre respeten la dignidad de las personas. Pero también hay una tarea que debe comenzar desde nosotros y nosotras, la cual consiste en generar una cultura de inclusión, en donde aprendamos a reconocernos como una nueva comunidad con diversidad de colores y acentos idiomáticos.

“Sin duda esta crisis se debe solucionar con nuevas políticas migratorias que organicen y regularicen el ingreso al país y que por supuesto siempre respeten la dignidad de las personas. Pero también hay una tarea que debe comenzar desde nosotros y nosotras, la cual consiste en generar una cultura de inclusión, en donde aprendamos a reconocernos como una nueva comunidad con diversidad de colores y acentos idiomáticos”.

Llevo 9 años viviendo en el extranjero, y durante este tiempo sí me he sentido discriminada por no hablar bien el idioma, por ser morena y venir de un país poco desarrollado. Y por lo mismo, no me gusta que mi país se comporte de la misma forma con los inmigrantes. Soy consciente de que no es un proceso fácil, pero los tiempos han cambiado y debemos ajustarnos a las nuevas formas de vida y convivir con los otros y otras desde la empatía.

No me gustaría que en el futuro les dijeran a mis hijos que ellos no pertenecen a una cultura simplemente por el hecho de no conservar las tradiciones o no haber nacido en alguno de los dos países de los que provienen sus padres. Pero ¿qué significa pertenecer a un lugar o país? ¿Qué es ser chileno o chilena? Me pregunto, ¿qué sentirá una madre de Haití al decir que su hija es chilena? ¿Qué contradicciones habrá en su cabeza? 

Todavía recuerdo la vez que mi hijo me preguntó:  “Mamá ¿De qué país soy ?” Yo le expliqué que él era de Chile y de Alemania, ya que su madre es chilena y su padre alemán. Pero él me respondió: “No, yo soy de Japón”. Claro, efectivamente él nació en Tokio pero su nacionalidad no es japonesa. Ese hecho me llevó a una reflexión sobre la identidad, cómo se podría reconocer mi hijo en un futuro; pero quedó como algo anecdótico incluso exótico.

Me lo tomé así porque mi experiencia de migración fue positiva, llegué a ese país asiático sin complicaciones. Por supuesto que viví las etapas de un duelo migratorio, pero afortunadamente no pasé por la angustia que muchas y muchos migrantes están experimentando en mi país, y por lo mismo logro empatizar, porque si para mí ha sido complejo insertarme en un nuevo país, no puedo imaginar lo difícil que debe ser para ellos y ellas

La migración siempre ha existido, moverse de lugar es algo innato que tienen los seres humanos. Estoy segura de que muchas de las personas que viven las consecuencias de esta crisis migratoria no habrían deseado dejar su país, incluso tampoco habrían querido que su país atravesara por problemas tan graves, pero lamentablemente es la realidad del mundo, y nuestro rol es empatizar con las mujeres, hombres, niños y niñas que sólo buscan una mejor calidad de vida.

alejandra aranda mujeres expatriadas

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