La vida es incertidumbre en sí misma: mis últimos días antes de convertirme en expatriada

La vida es incertidumbre en sí misma: mis últimos días antes de convertirme en expatriada

Ilustración por Alejandra Aranda Castro.

“Si quieres que Dios se ría, cuéntales tus planes”. Leí esa frase en un libro hace pocos días y creo que nos faltarían dedos de las manos, y también de los pies, para contar las innumerables veces en la vida que hemos planificado algo, o que pensamos que cierta meta sucederá en tal tiempo, ¡y no!. La vida se encarga de decirnos: “no querida, así no será, o no por el momento”. Y bueno, nos toca improvisar, cambiar el plan, o simplemente aceptar que nos tomará algo más de tiempo.

Una vez decidida la fecha en que viajaría a España, el país donde vivo actualmente, todo fue una seguidilla de intensas planificaciones:  ver la fecha en que dejaría mi departamento, elegir el lugar donde me quedaría las últimas semanas en mi país, decidir el último día que trabajaría, agendar las reuniones de despedida, empezar a organizar las 2 maletas que traería, las tarjetas bancarias, la recopilación de miles de documentos, y una extensa lista de etcéteras. 

Llegó octubre del año 2019, y con él las últimas semanas que me quedaban viviendo en Santiago de Chile, todo transcurría según lo planeado, había dejado el piso en donde vivía (lo cual me sirvió para hacer la primera gran limpieza y deshacerme de muchas cosas que no traería y que tampoco dejaría guardadas en casa de mis padres). Tenía mi agenda repleta de compromisos, y aunque pudiese resultar algo cansador, había logrado ajustar cada una de las despedidas, encuentros y viajes que me permitirían pasar esos últimos momentos con las personas queridas.

Sin embargo, aquel “octubre”, no sólo traía mis últimos y ajetreados días en el país, también trajo un gran despertar social en Chile que no sólo me removió internamente, sino que además provocó un cambio total en mis planes para los últimos 10 días. Al parecer la vida ya me estaba susurrando al oído y me decía: “esto es sólo el comienzo…”

Mi vuelo rumbo a España estaba programado para el día domingo 27 de octubre del 2019, por tanto, el fin de semana previo era el más intenso: viernes por la noche despedida con mi equipo de trabajo, sábado por la mañana viaje a Quilpué para asistir al bautizo de la hija de una de mis mejores amigas, por la noche viajaría al norte, a casa de mis padres, ya que el domingo tendríamos un almuerzo familiar al que asistirían también, desde La Serena, nuestra familia de corazón, los Zamora López y al mismo tiempo, podría despedirme de mis perritas. El domingo por la noche estaba planificado el regreso a Santiago junto a mis padres, quienes pasarían conmigo esa última semana.

Finalmente, la mayoría de esos planes, sólo quedarían en eso, planes. El día viernes 18 de octubre del 2019 todo cambió. Eran las 15:00 horas y comenzaban a llegar las noticias de diversas manifestaciones que estaban ocurriendo en la red del Metro. Salí a las 16:00 de mi trabajo y todo era un caos: estaciones de Metro cerradas, vagones que paraban a mitad del trayecto, tacos (atascos) en las grandes avenidas y en las pequeñas calles. Demoré más de dos horas en un trayecto habitual de 45 minutos, anduve en metro, autobús, caminé y hasta me subí a un coche particular que me ofreció llevarme. Logramos realizar la despedida por la noche, aunque con varias bajas, ya que la situación del momento, simplemente no les permitía llegar.

Intentamos controlar y planificar, y no creo que esté mal; sin embargo, también tenemos que estar dispuestas a los fracasos, a los cambios de planes o que lleguen cosas que jamás esperábamosPero todo lo que llegue a nuestras vidas, estoy segura de que será lo mejorO como dicen en Cuba: “¡lo que sucede conviene!”.

Al otro día me levanté y continué con lo proyectado, salí de casa con mi mochila rumbo a Quilpué pensando que ya las cosas estarían más tranquilas y que lo ocurrido el día anterior, era algo sólo de la capital.. ¡Craso error! Demoré casi seis horas en llegar a mi destino, en lugar de las habituales dos.. Pero llegué, costó, pero llegué, sin embargo, hasta ahí duraría mi buena racha, lo que venía ya no era posible, el país estaba completamente detenido.

Finalmente mis padres no estuvieron conmigo la última semana, no había salida de autobuses prácticamente a ningún destino del país. Con suerte lograron llegar en coche, junto a mi hermano, el día viernes por la noche, último día en que pudimos vernos y estar todos juntos.  Viví una última semana dura, tanto desde lo emocional como  desde lo logístico. La incertidumbre de no saber si podría abrazar a mi familia antes de viajar, un país en estado de alarma, personas heridas, muertos, toque de queda, disparos a menos de 300 metros de la ventana en donde dormía. Sentí mucho miedo.

Lo que sucedió el domingo en el aeropuerto, quedará para la segunda parte, porque da para un relato de similar extensión a este. También lo que vino después con mis primeros meses de expatriada y la llegada del Coronavirus. 

Con esta historia, quería ejemplificar algo que nos pasa frecuentemente, y que quizás como mujeres expatriadas nos vemos en la necesidad de aprenderlo más rápidamente, porque lo tenemos más a flor de piel: La vida es incertidumbre en sí misma, quizá lo único que tenemos seguro desde el minuto que nacemos es la muerte.

Intentamos controlar, planificar, a veces milimétricamente, y no creo que esté mal, sin embargo también tenemos que estar dispuestas a los fracasos, a los cambios de planes, o a que las cosas tomarán algo más de tiempo de lo que imaginamos en un principio, o que llegarán cosas que jamás esperábamos (y nos sorprenderán para bien), pero todo lo que tenga que llegar a nuestras vidas, estoy segura de que siempre llegará. O como dicen en Cuba: “¡lo que sucede conviene!”.

1 comentario en «La vida es incertidumbre en sí misma: mis últimos días antes de convertirme en expatriada»

  1. Uff!!! Qué tremendo Maca, me ha pasado que algo no sale como lo planeé y es verdad en ese momento sentimos frustración pero soy de las personas que piensan que las casualidades no existen y todo tiene un por qué que quizá no vemos al tiro pero sí más adelante. Así que lo mejor es fluir y dejar que todo tome su curso. Estaré esperando la segunda parte de tu relato. Un abrazo grande.

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