Pequeña historia del día de la mujer y el por qué debemos seguir luchando

historia del día de la mujer

Ilustración por Karina Caro G.

A los hombres todos sus derechos
Y nada más,
A las mujeres todos sus derechos
Y nada menos, 

André Léo 
(Novelista y periodista feminista francesa del S. XIX)

Hoy, lunes 8 de marzo del 2021, se conmemora a nivel mundial el Día Internacional de la Mujer, declarado oficialmente en 1975 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. ¿Pero qué se conmemora realmente hoy? ¿Qué tanto hemos avanzado en materia de demandas sociales, laborales, reproductivas y humanas? ¿Habremos logrado la tan anhelada y justa igualdad de género? 

Si repasáramos brevemente la historia del día de la mujer tendríamos que decir que todo partió a fines del siglo XIX, después de la Revolución Industrial con la huelga de las trabajadoras textiles de Nueva York en 1857. Luego, 51 años después, el 8 de marzo de 1908, 15,000 mujeres se tomaron nuevamente las calles de Nueva York para exigir un aumento de sueldo, menos horas de trabajo, derecho al voto y prohibir el trabajo infantil. El eslogan que utilizaron fue “Pan y Rosas”, ya que el pan representaba la seguridad económica y las rosas, una mejor calidad de vida.

Ya en 1910, en Copenhague, Dinamarca, se celebró la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, en la cual estuvieron más de 17 países y acudieron cientos de participantes. Aquí se designó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Una de las tantas propulsoras fue Clara Zetkin, política y activista alemana. 

Luego en 1911, se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer en varios países de Europa y Estados Unidos. Las demandas sociales aumentaban en todo el mundo, al igual que la necesidad urgente de promover derechos más igualitarios. A toda esta efervescencia, se sumó el lamentable incendio ocurrido en la fábrica de Triangle Shirtwaist, en Nueva York, el 25 de marzo donde 140 trabajadoras textiles, en su mayoría mujeres inmigrantes de Europa del este e Italia, perdieron la vida por una mala práctica de ese tiempo, que consistía en cerrar las puertas de la fábrica mientras trabajaban para evitar riñas y robos. Esta gran tragedia provocó una mayor presión social para cambiar la legislación vigente por aquel entonces, a unas condiciones más igualitarias, este suceso removió todo el panorama mundial de las demandas socio-laborales de las mujeres.

Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, diversos países se unieron y comenzaron a conmemorar el Día de la Mujer para luego, finalmente en 1975, ser establecido por la ONU de manera universal al 8 de marzo. Hoy en día, 164 años después, la lucha para erradicar la violencia de género y la tan anhelada igualdad, lamentablemente aún continúa. 

Es por eso que cada 8 de marzo, se recuerda de manera simbólica, las infinitas batallas que miles de nuestras ancestras han tenido que sobrellevar a lo largo de la historia de la humanidad para hacer respetar tanto sus derechos humanos como laborales, sociales y reproductivos. Derechos que hoy gran parte de las mujeres del mundo occidental disfrutamos, pero que lamentablemente aún son insuficientes y que muchas veces son pasados a llevar aún estando en pleno siglo XXI. 

Y quizás te preguntarás, ¿cómo nos afecta a nosotras esta lucha, como mujeres expatriadas que somos y por lo tanto migrantes? Bueno pues ¡en mucho! Si lo vemos de forma general, el sólo hecho de ser mujeres y migrantes nos deja en una situación un poco “en el limbo”, porque si bien quizás muchas de nosotras podemos tener carreras profesionales exitosas que nos avalen, al momento de partir al extranjero, lo más probable es que comencemos de cero. Por ende, tendremos que buscar un nuevo trabajo o reconvertirnos profesionalmente, quizás aprender un nuevo idioma, tal vez nos convertiremos en madres o nos lancemos en un nuevo emprendimiento o estudio, entre miles de otras posibilidades. 

Al comienzo, inevitablemente, nos tocará tejer nuevas redes de apoyo, porque aterrizamos en un mundo totalmente nuevo. Y sea cual sea tu situación, seguramente te enfrentarás a algunos dilemas propios de nuestro género. Por ejemplo, comprender cuáles son mis derechos laborales; saber si existe en aquel país una gran o pequeña brecha salarial entre hombres y mujeres. Si trabajo y tengo hijos, me interesará descubrir cuánto es el tiempo de pre y post natal que tendré. Me interesará también comprender la cultura en la que vivo y conocer qué tanto se respetan los derechos de la mujer. Por ejemplo saber qué tan machista es una cultura al comenzar a descubrir los micro machismos, que quizás poca poco irás viendo; saber si está aprobado o no el aborto; cuáles son las leyes en torno a la discriminación y un sinfín de miles de otras situaciones. 

Es por esta razón que como mujeres expatriadas, nos investimos en la lucha de los derechos de la mujer y la tan anhelada igualdad de género, porque es una lucha justa, que directamente nos afecta a todas. En esta columna, me gustaría agradecer a todas nuestras ancestras, quienes independiente de su nacionalidad, edad o condición socio económica lucharon por las libertades y derechos que muchas de nosotras gozamos actualmente. 

Sin duda alguna hemos avanzado bastante, pero sin duda también, aún falta mucho por hacer en materia de equidad y para eso no hay que olvidar nunca nuestra historia, esa historia que te conté brevemente aquí y que seguramente todas seguiremos construyendo a lo largo de todos estos años. Por ti, por mi, por mis hijas y por mis nietas, todas juntas en la misma historia y lucha.

fernanda chávez welsh

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