Visibilizando mi trabajo

Visibilizando mi trabajo

Ilustración por Alejandra Aranda.

Diferentes informes en Chile mencionan que en promedio las mujeres dedican 55 horas semanales a las labores del hogar. Sin embargo, en las estadísticas de empleo esto se clasifica como “inactividad”.  Según un estudio del 2019 de Comunidad Mujer, se estima que “$62 millones de dólares al año es el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado que no es remunerado en Chile. Un 67% de este valor es aportado por mujeres”. ¿Por qué no se reconoce la carga de gestión y organización del hogar como un trabajo? Trabajo que muchas mujeres expatriadas asumimos por falta de oportunidades, pero no por falta de capacidades.

¿Y tú en qué trabajas?… No, yo no trabajo me dedico a las labores del hogar y a mi familia. Muchas veces tuve que responder de esa manera cuando me hicieron aquella pregunta; y la verdad es que la sensación de vergüenza y confusión siempre surgió. Y como soy una persona que le da mil vueltas a todo, me era difícil desprenderme del análisis interno y siempre llegaba a la misma interrogante: ¿Por qué no se reconocen las labores domésticas como un trabajo?

Y es que vivimos en una sociedad que se estructura desde la visión del mundo privado y lo público, entendiendo ambos conceptos como todo aquello que transcurre en la vida fuera del hogar y dentro de él. Con esta perspectiva se construyen roles que  lamentablemente son designados al sexo, normalizando la idea de que es el hombre quien sale en búsqueda del dinero, en cambio la mujer se queda a cargo de lo doméstico.

Gracias a las teorías feministas, esta estructura social, poco a poco se ha ido transformando y dejando ver que ambos mundos deben convivir en uno, ya que es ahí donde surgen las relaciones positivas entre unos y otros, dando paso a la igualdad entre hombres y mujeres.

Un ejemplo de este nuevo espacio sería el social, que propone la filósofa y teórica política​ alemana, Hanna Arendt:

“La emergencia de la sociedad -el auge de la administración doméstica, sus actividades, problemas y planes organizativos- desde el oscuro interior del hogar a la luz de la esfera pública, no sólo borró la antigua línea fronteriza entre lo privado y lo político, sino que también cambió casi más allá de los reconocible el significado de las dos palabras y su significación para la vida del individuo y del ciudadano”.

Y aunque esta teoría esté presente hace años, parece increíble que todavía en el 2021 sigamos luchando para que el trabajo doméstico sí sea considerado como una fuente laboral real. Es indudable que para dirigir una casa se requieren habilidades realmente sorprendentes, que son dignas de considerar como un gran potencial en una entrevista de trabajo.

Es increíble la dualidad que existe en torno a las labores domésticas, porque éstas sí tienen un precio, pero sólo cuando las realizan personas ajenas a las que viven en el hogar. Entonces ahí sí estamos dispuestas o dispuestos a pagar por este servicio ¿Por qué no se reconoce la carga de gestión y organización del hogar como un trabajo?

Partiendo por la coordinación de todos los integrantes de la familia como los horarios de colegio y oficina, rutinas de alimentación; el encontrar soluciones rápidas frente a problemas imprevistos; optimización de los recursos económicos, materiales y del tiempo; empatía por el otro, entre muchas otras destrezas. ¿Acaso eso no se pide en las habilidades que debe tener un empleado? ¿Y esto se considera como inactividad? 

La mayoría de las mujeres expatriadas que salen acompañando a sus parejas y familias asumen las labores domésticas, pero no porque ellas realmente así lo quieran, sino porque en el país en el que se encuentran no existen otras posibilidades o recursos para poder insertarse al mundo laboralmente remunerado. Incluso muchas de ellas se enfrentan al desafío de reinventarse profesionalmente, iniciando estudios en áreas completamente distintas a las que desempeñaban en su país. 

Por eso considero que las mujeres que han dejado su zona de confort por lanzarse a la aventura de vivir en el extranjero, son personas que están absolutamente preparadas para asumir grandes desafíos de trabajo en empresas, ya que las diversas experiencias positivas como negativas que han debido sortear junto con la formación idiomática y otro tipo de capacitaciones, las convierte en seres con habilidades múltiples.  

Es increíble la dualidad que existe en torno a las labores domésticas, porque éstas sí tienen un precio, pero sólo cuando las realizan personas ajenas a las que viven en el hogar. Entonces ahí sí estamos dispuestas o dispuestos a pagar por este servicio ¿Por qué no se reconoce la carga de gestión y organización del hogar como un trabajo?

Puede que en el país en el que te encuentres tenga políticas públicas que favorezcan la previsión y protección social, generando que muchas de las personas que no poseen un trabajo remunerado sí accedan a servicios básicos o beneficios. Esto da esperanzas para que en países latinoamericanos vean y estudien estos ejemplos con el fin de integrarlos en sus sistemas públicos.

Sin embargo, existe otro tipo de avance importante en el que no podemos estar ajenos y tenemos mucho que aportar, el reconocernos como agentes de cambios de la sociedad. Educar a nuestros niños y niñas para que crezcan con la idea de que no existen roles estereotipados que definan sus actividades y obligaciones, la idea es que seamos conscientes de que está en nuestras manos el construir una nueva cultura de la corresponsabilidad. 

alejandra aranda mujeres expatriadas

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